Saber comenzar de cero

Pedro J. García

Para crear lo que queremos que pase, necesitamos innovación y necesitamos marketing. En palabras de Peter Drucker, el considerado padre de la administración moderna, “lo demás son costes”. Con la primera, ofrecemos exclusividad. Con el segundo, posicionamos la diferencia. No sólo al principio; también y sobre todo en el tiempo. 

Los públicos necesitan impulsos que mantengan encendida la ilusión. O la pasión. No es una frase de terapia matrimonial en exclusiva. Debe ser máxima organizacional. El tedio acaba con proyectos consolidados cuando sus públicos se preguntan qué les aporta en realidad. El timing de impactos emocionales debe ir siempre por delante del pensamiento racional. De lo contrario, el cliente, inconformista, se abrirá a otros postores que perciba mejores. 

La decisión más arriesgada es comenzar de cero. No temamos ni la expresión ni la decisión. La he visto matizada en tanto nunca comenzamos de cero porque la experiencia es colchón de bagaje aprendido. No teman. Comenzar una y otra vez implica desaprender los errores y edificar de nuevo sobre los cimientos; únicamente sobre los cimientos. Esto exige, por tanto, identificar los cimientos incluso cuando más desdibujados parecen. Exige madurez y valentía, que son las claves más humanas del liderazgo. 

Comenzar de cero es elegir una nueva dirección. Una nueva hoja de ruta. Una nueva estrategia. Nuevas acciones y nuevas personas. Recuperar la identidad perdida de un proyecto exige coraje. El coraje reduce costes. A veces, impagables. 

Situados sobre los cimientos del proyecto, la viabilidad sólo pasa por atraer. El instinto de supervivencia lo ha sustituido, en cambio, por dispersión. Incluso dilusión. Esta decisión, sin duda estratégica, puede salvar la marca a corto plazo, pero no salvará sus cimientos. Esto es, la razón de ser que motivó su creación. Su propósito. 

La mercantilización de las organizaciones plantea cambios profundos en los objetivos corporativos y, en última instancia, en su identidad corporativa. La cuenta de resultados es la justificación de muchos balances. Pero la reputación sólo se consolida atrayendo sin renunciar. Son la capacidad de innovar y la capacidad de contagiar las únicas que mantienen vivo el valor de marca. 

Pongámonos ante el espejo. Para crear lo que queremos que pase sin dejar de ser lo que fuimos, necesitamos personas que hagan fácil lo que puede incluso resultar imposible. Para ello, lo primero es creer. Sólo así haremos que crean.