Hace seis meses, este consultor decidió analizar por primera vez la política en esta etapa. En otro tiempo, dije a un jefe que no me pagaba para reconocer sus éxitos, sino para mejorar lo que considerase que podía funcionar mejor. Un amigo insiste en que esa es la actitud. No es hoy una actitud ganadora; sí la de quienes siguen creyendo.
En este mismo espacio, un pequeño gran proyecto ha avanzado en la sombra y verá pronto la luz. La luz que transmiten las miradas, que son las que contagian y enamoran. Desde esta posición y en esta etapa, es la misión. Contagiar. Impulsar. Incluso empujar a veces. Para que todo cambie. Un poco al menos. Y conseguir que la confianza, tan cara, responda a las expectativas.
Castilla y León vota mañana. Si releen los análisis arrojados en cinco entregas, una larga campaña (sin pre) electoral concluye como empezó: sin emoción y con órdagos, promesas e inseguridades. Y advertencias y lamentos. A baja altura y con propuestas de toda índole. Renunciando a apuntalar el marco de la elección en clave nacional. Y con presencia. Mucha presencia. Esto irradia tensión, cuando no nervios. Y es lógico. Sin mayorías pretéritas, habrá nuevos pulsos y más tensión.
A los capítulos de Extremadura y Aragón se incorpora ahora la comunidad que más llena España. Desde el centro hasta el norte y desde el oeste hasta buena parte del este. Los puntos cardinales son necesarios para la confianza que un candidato debe ganar y renovar. En cambio, quien no tiene mucho que perder suele arriesgarlo todo. Válido tanto para partidos como para electores.
El escenario de Castilla y León difiere de sus previas. Lo advertí. Porque aquí no ha habido alternancia política en cuatro décadas. El respaldo continuado a un proyecto redobla la necesidad de autoexigencia. Las renovaciones internas deben despegar para que la infidelidad de voto no se cronifique. Es el proyecto, es la estrategia y es la renovación de equipos. Es la ilusión.
Todo cambia cuando un proyecto contagia cambio permanente. Cuando un plan de gobierno transmite velocidad de crucero. Cuando cada ciudadano siente que ocupa el centro de la agenda de la Administración. Cuando se sabe en manos de los mejores en cada ámbito de gestión. Es el reto permanente. Es la dupla política y comunicación. La gran incógnita es cómo se reparte el peso del voto entre la gestión autonómica, el efecto Bruselas, la desigualdad territorial, el plan de Sánchez y la agenda judicial.
Todo se pone a prueba este 15-M, que años atrás era de acampadas y este domingo va a arrojar una nueva meta volante de inercias y de frenos. Aunque los comités de campaña lo hayan minimizado, el voto en clave nacional seguirá marcando las convocatorias autonómicas hasta la próxima cita en Generales. Y, ante todo, esto va a ser decisivo para salvar -o no- a quien siempre se juega más que el resto. El presidente en funciones. Alfonso Fernández Mañueco.


