Etiqueta: Elecciones autonómicas

  • Un golpe de efecto certero que rompa equilibrios paralizantes

    Un golpe de efecto certero que rompa equilibrios paralizantes

    La única manera de desnivelar un tablero cronificado es jugando la estrategia más arriesgada. La jugada pensada y repensada. Y, en cambio, paralizada por miedo a perder. Como tantas. La prudencia que tanto elogiaba Gracián debe encontrar en el riesgo de la convicción su adecuada válvula de escape. Y en el bien común, la última razón para este riesgo que apasiona. 

    No todos los proyectos son iguales, pues no todos garantizan lo mismo. Nada más lejos. Medir un proyecto por sus intenciones es jugar con normas distintas. Pero es cierto que lo primero que impacta en los clientes -y electores- son tales intenciones. Después, formalizan la compra en base a la confianza que desprenden las miradas, los gestos y las palabras. Incluso se decantarán por aquello que no les convence pero les lleva a una conexión interior. Hay mucho de irracionalidad en cada decisión. Y ahí es donde deben llegar las estrategias y las acciones. De marketing. De comunicación. De atracción. No es sólo decirlo. Es convencer. 

    Dos semanas después de la jornada electoral y posterior octava de resaca en Castilla y León, España ya mira a la Andalucía convocante sin olvidar la agenda judicial de Madrid, las investigaciones periodísticas y las acrobacias de Moncloa para sortear el dedo de los asistentes a una obra trágica. Las decisiones políticas marcan ritmos vertiginosos y el ciudadano no siempre percibe que todo es por su bien. Tampoco en Valladolid. Aquí han retirado ya de la mesa los materiales de campaña y sólo queda la aritmética de una formación de gobierno. El marco de la Semana Santa juega a favor por unos días. 

    Al ciudadano le preocupan las oportunidades de cada día; no sólo de campaña. Le quita el sueño lo que vive a lo largo de 52 semanas al año; no las dos que ve actos, escucha himnos y recibe promesas. Le quitan el sueño el empleo, las facturas y los imprevistos. Y sí, también la seguridad en sus calles y en sus propiedades. Al autónomo le preocupan sus ventas, sus cuotas, su IVA y la desconexión entre los datos macro y la realidad. Los empresarios con salariosfamilias– a su cargo siguen teniendo pesadillas con la ministra de los Oscar. A todos, la seguridad de las infraestructuras básicas y, también a todos, aunque en particular a mayores, dependientes y pacientes, la calidad de los servicios sanitarios y de los servicios sociales.

    Toda percepción es comunicación. A favor y en contra. En territorio castellano y leonés, ha habido tiempo de felicitaciones para reconocer un triunfo ante las expectativas; ha habido tiempo de entrevistas para fijar un posicionamiento postelectoral. Y ha habido balances en el que muchos ganan y pierden y sólo unos pocos pierden. Y en suma, poco cambia en realidad. Todo igual en cuanto a poder de decisión. Un nuevo contador a cero que todos pueden aprovechar para que todo empiece a cambiar en esta nueva legislatura, con independencia de sus frutos de permanencia. El presidente en funciones insiste en que quiere un pacto de gobierno con Vox. Primero, de legislatura. Después, de al menos dos años. Mensajes que llevan la máxima de estabilidad a tambalearse. Y ahí encuentra sentido la segunda vuelta a la que llamó el mismo 15 de marzo el candidato socialista, aún alcalde

    El puñado triplicado de votos mantiene inclinada la iniciativa de gobierno hacia el PP. La configuración del nuevo hemiciclo impide al PSOE cualquier opción de alternativa. Y la inestabilidad es la misma. Aquí debe ponerse el foco. Con proyectos políticos anclados en la segmentación, deben emerger nuevos pilares de liderazgo que minen los sedimentos del voto y anticipen trasvases que decidan un rumbo de respaldo mayoritario. 

    El todo al balance de gestión ha alcanzado para resistir. También ha resistido el Sánchez más débil y más acorralado. La gestión no ha concedido mayorías. Las mayorías son capital casi exclusivo de los liderazgos. Liderazgos con visión de presente y de futuro. Con capacidad para llegar a más y convencer más. Mucho más. Y no es sólo estrategia electoral. Es campaña permanente

    La prudencia castellana sigue maridando con el hartazgo y con el inconformismo. El cóctel es peligroso. La solidificación sólo hará más difícil el despegue de la comunidad autónoma. Sólo un golpe de efecto certero romperá los equilibrios paralizantes que siguen arrojando las urnas. Ese puñado de votos permite asumir la iniciativa. Sólo eso. Y todo eso. Las amenazas y las dificultades exigen más. 

  • Salvar -o no- a Alfonso Fernández Mañueco

    Salvar -o no- a Alfonso Fernández Mañueco

    Hace seis meses, este consultor decidió analizar por primera vez la política en esta etapa. En otro tiempo, dije a un jefe que no me pagaba para reconocer sus éxitos, sino para mejorar lo que considerase que podía funcionar mejor. Un amigo insiste en que esa es la actitud. No es hoy una actitud ganadora; sí la de quienes siguen creyendo. 

    En este mismo espacio, un pequeño gran proyecto ha avanzado en la sombra y verá pronto la luz. La luz que transmiten las miradas, que son las que contagian y enamoran. Desde esta posición y en esta etapa, es la misión. Contagiar. Impulsar. Incluso empujar a veces. Para que todo cambie. Un poco al menos. Y conseguir que la confianza, tan cara, responda a las expectativas. 

    Castilla y León vota mañana. Si releen los análisis arrojados en cinco entregas, una larga campaña (sin pre) electoral concluye como empezó: sin emoción y con órdagos, promesas e inseguridades. Y advertencias y lamentos. A baja altura y con propuestas de toda índole. Renunciando a apuntalar el marco de la elección en clave nacional. Y con presencia. Mucha presencia. Esto irradia tensión, cuando no nervios. Y es lógico. Sin mayorías pretéritas, habrá nuevos pulsos y más tensión. 

    A los capítulos de Extremadura y Aragón se incorpora ahora la comunidad que más llena España. Desde el centro hasta el norte y desde el oeste hasta buena parte del este. Los puntos cardinales son necesarios para la confianza que un candidato debe ganar y renovar. En cambio, quien no tiene mucho que perder suele arriesgarlo todo. Válido tanto para partidos como para electores. 

    El escenario de Castilla y León difiere de sus previas. Lo advertí. Porque aquí no ha habido alternancia política en cuatro décadas. El respaldo continuado a un proyecto redobla la necesidad de autoexigencia. Las renovaciones internas deben despegar para que la infidelidad de voto no se cronifique. Es el proyecto, es la estrategia y es la renovación de equipos. Es la ilusión. 

    Todo cambia cuando un proyecto contagia cambio permanente. Cuando un plan de gobierno transmite velocidad de crucero. Cuando cada ciudadano siente que ocupa el centro de la agenda de la Administración. Cuando se sabe en manos de los mejores en cada ámbito de gestión. Es el reto permanente. Es la dupla política y comunicación. La gran incógnita es cómo se reparte el peso del voto entre la gestión autonómica, el efecto Bruselas, la desigualdad territorial, el plan de Sánchez y la agenda judicial.

    Todo se pone a prueba este 15-M, que años atrás era de acampadas y este domingo va a arrojar una nueva meta volante de inercias y de frenos. Aunque los comités de campaña lo hayan minimizado, el voto en clave nacional seguirá marcando las convocatorias autonómicas hasta la próxima cita en Generales. Y, ante todo, esto va a ser decisivo para salvar -o no- a quien siempre se juega más que el resto. El presidente en funciones. Alfonso Fernández Mañueco. 

  • Cualquiera puede ganar las elecciones autonómicas en Castilla y León

    Cualquiera puede ganar las elecciones autonómicas en Castilla y León

    Hace dos años, compartí con responsables de una asociación empresarial de Castilla y León la urgencia de asumir un mayor liderazgo social en la comunidad. Les planteaba un paso al frente para impulsar ilusiones y acoger frustraciones. Recibí un no por respuesta. El vacío de liderazgo social permanece.

    Gobernar no es liderar. Hay decisiones propias de un líder que carecen de la ambición y la comunicación propias de un líder. El intangible es la diferencia. Lo que no todos ven es lo que todos pueden sentir. Si lo anticipamos, ganamos. Gana la anticipación y gana la ambición creíble. ¿Por qué Castilla y León debe aspirar a ser la tercera comunidad autónoma de España si tienen mimbres para ser la primera? Ésta es la diferencia. 

    En el mismo plano sitúo el escenario electoral: cualquiera puede ganar las elecciones autonómicas en Castilla y León si gana las cuatro variables decisivas: posicionamiento de candidato, programa, partido y dirección de campaña. Contrario a los conformistas, es un planteamiento real a la luz de fortalezas y debilidades que muestra cada partido con aspiración de ganar la Junta. A cuatro meses de la cita con las urnas, basta agitar con habilidad el tablero para que todas las piezas pierdan su posición y todo comience de cero. 

    El plano estratégico está abierto. En la calle, los ciudadanos aguardan. Un antiguo responsable sindical de primer nivel me confesaba hace unos días algo que necesitaba escuchar para reafirmarme: la gente espera con paciencia a alguien que vuelva a ilusionar. Espera que la convulsa situación política nacional, que afecta a cada poro territorial, deje paso a algo mejor. Así explicaba el letargo. Mi ímpetu me lleva a no esperar el desbordamiento de una calma tensa. 

    La misión de un consultor es crear y contagiar nuevos horizontes de acción a quienes pueden asumirlos. También a los ciudadanos. Si las ilusiones y las demandas más básicas derivan en una desesperación absoluta, las consecuencias son impredecibles. Por eso insisto en dar el paso. En marcar la agenda. En anticipar posiciones. En arriesgar, pues el riesgo está a la altura de la autoconfianza. 

    Hay algo en la atmósfera social que obliga a contener la respiración. Hay frenos de mano echados. Hay dudas sobre a quiénes dirigirse y qué ofrecer. También dudas de liderazgo. Así lo percibo. Son arenas movedizas para la firmeza que demandan muchos ciudadanos y suelo firme para las redes de la polarización. Un riesgo de difícil cálculo. 

    El liderazgo social abre caminos de esperanza real a tantos que aguardan y de fiabilidad a quienes pueden crear oportunidades. Decide, sí, la confianza. La confianza se gana cuando el ciudadano percibe que un candidato es digno de la responsabilidad a la que aspira porque está dispuesto a renunciar a su propia comodidad. La confianza se gana cuando la palabra de quien la pide está llena de matices creíbles. La confianza se gana cuando quien la pide tiene un plan, una ambición y un equipo para hacerlo realidad. La confianza se gana cuando quien la pide sabe situar a los más débiles en primer lugar y asegurar que dejarán de serlo. 

    Quien convence asume el liderazgo social. Y la comunicación juega un rol decisivo, pero no exclusivo. Antes debemos crear el candidato. El rostro, la voz y las manos de quien se pone al frente deben ilusionar más que agradar. Deben escuchar más que responder. Deben hacer más que prometer. Deben atrapar más que justificar. 

    El marketing político puede crear letras y melodías ganadoras, pero es la mirada de quien da el paso la que confirma que aquéllas son creíbles. Que todo habla el mismo lenguaje. La emoción de los ciudadanos confirma el éxito. La desafección remite cuando hay conexión personal; no sólo de voluntades. Cuando la oferta satisface la demanda.

    Si la decisión es esperar, las opciones de decantar o consolidar el escenario se debilitan. Si la oferta caduca, el enlace de compra se desactiva. La exigencia del consumidor es la exigencia del elector.

  • ¿La baza de comunidad de Mañueco es conceder un estatus de privilegio a León?

    ¿La baza de comunidad de Mañueco es conceder un estatus de privilegio a León?

    Seis de cada diez jóvenes menores de 30 no votarán en las próximas elecciones autonómicas en Castilla y León. Lo refleja la última encuesta publicada sobre el clima electoral en la comunidad. Son escasas las que conocemos sobre el territorio y, por ello, ésta de NC Report para La Razón aporta valor de previsión y de imprevisión. Si la política aspira a conectar -o reconectar- con quienes define como el futuro, debe hacer mucho más para que la palabra reciba la credibilidad que espera. 

    La exigencia de reconexión es con todos. Los no tan jóvenes sólo invierten la tendencia. Seis de cada diez castellanos y leoneses del resto de franjas de edad votarán el próximo 15 de marzo, convocatoria mediante. El PSOE gana por la mínima entre 30 y 44 años y el PP aventaja en 5 puntos entre 45 y 64 años, y en diez puntos entre 65 años y más. En perspectiva, la participación que recoge este sondeo es tres puntos menor que la registrada en las elecciones de 2022. 

    El día que conocíamos la encuesta, el presidente autonómico, Alfonso Fernández Mañueco, participaba junto al Rey en el XXVIII Congreso Nacional de la Empresa Familiar. Sí, uno de los cimientos de un ámbito socioeconómico como el de Castilla y León. Don Felipe siempre desprende el aliento que necesitamos en cada momento. Los resultados de asignación de escaños de este sondeo pueden aliviar, al menos, al presidente, que amplía su respaldo a costa de Vox y confirma el aprobado de la crisis de incendios. 

    Así, Mañueco afrontaría su tercera candidatura autonómica con victoria asegurada pero lejos de la mayoría absoluta. Un dato que refleja, por un lado, un suelo recuperado de la marca PP en Castilla y León y, por otro, la incapacidad de recuperar la mayoría absoluta, elección tras elección. Tampoco debe preocupar en exceso esta encuesta a Carlos Martínez, candidato a todas luces del PSOE, pues su liderazgo, minado por errores de principiante y por la gestión del caso José Luis Vázquez -investigado por corrupción y que ha cuestionado su autoridad-, mantiene el resultado socialista de 2022 mientras aguarda su paso real al frente. Vox sí debe preocuparse por su perspectiva electoral, aunque su crecimiento nacional, sostenido en la denuncia y no en la propuesta, es ajeno a candidatos y programas. El suyo es el caldo de cultivo que mejor ilustra lo imprevisible de la política actual

    Si tomamos esta encuesta como inflexión hacia marzo de 2026, partamos de una obviedad: El candidato Alfonso Fernández Mañueco no es el candidato Juan Vicente Herrera. Tampoco los perfiles de sus equipos. Tampoco sus modelos de gobierno. Es evidente que el candidato y el modelo Mañueco no atraen como lo hacía el candidato y el modelo Herrera. Lo dicen los datos. La identidad compleja de esta tierra bien merece un análisis estratégico ante esta larga campaña electoral -sin pre-. En ella, el PP se juega mucho más que el gobierno autonómico.

    Demasiadas variables sobre la mesa. Demasiadas preguntas, únicamente a la luz de lo que hoy hace -o no- cada partido. ¿El gran objetivo del PP es presentar -ahora sí, en tiempo y forma- y aprobar, en su caso, los presupuestos autonómicos? ¿Su baza de comunidad es conceder un estatus de privilegio a León? Un intento de división definitiva en el PSOE puede tener consecuencias incontrolables en todos los flancos. ¿Por qué el PSOE castellano y leonés evita la factura de la crisis nacional de la marca PSOE? Recuerden que el candidato Carlos Martínez fue impuesto por Sánchez; luego dudó en reconocerse sanchista. ¿Aprovechará Vox el escenario abierto para jugar la baza del candidato? ¿Serán los minoritarios decisivos para que el PP mantenga o pierda la Junta? 

    Cuando la abstención gana electores tras tres años de legislatura, las preguntas en la sala de guerra electoral deben ser más profundas. El diseño de una larga campaña no puede centrarse en la actividad parlamentaria y en los Consejos de Gobierno; éstos deben salir a la calle. Los partidos deben proponer más. Deben escuchar más. Deben atraer más. 

    El análisis y el posicionamiento de la marca, del candidato y del programa electoral se sitúan en la zona cero. Y en cada pilar, la atracción va a decidir estas elecciones. Atracción o golpe de efecto. O ambos. Sin anticipación, un golpe de efecto arruina en horas las previsiones más conformistas. Jugar con el conformismo hará que gane el inconformismo. Jugar con el desconcierto, también. El ánimo puede cambiar varias veces al día. El voto, en la España de hoy, también. 

    (Fotografía principal: Junta de Castilla y León).

  • Castilla y León tendrá su 15-M más arriesgado

    Castilla y León tendrá su 15-M más arriesgado

    Sí. Castilla y León apunta a un 15-M. Pero madrugador. Primaveral. Es la fecha que deslizó hace unos días en Palencia el secretario general del Partido Popular autonómico. La rúbrica ha recibido después adornos y matices para minimizarla, cual globo sonda, contemplándola como la última posible del calendario electoral. En estrategia futbolística, los equipos que van ganando buscan la manera de ensanchar el campo; de hacer grande el espacio de juego para forzar que el rival corra y se desgaste. No es tan sencillo. Un error propio -o forzado- puede provocar una pérdida de balón y un contragolpe con el equipo descolocado en defensa. 

    El escenario es parejo. Llevar las elecciones autonómicas a la última fecha factible puede provocar, en primer lugar, dudas en la oposición a la hora de fijar el calendario de las respectivas estrategias. El agotamiento de los partidos largos resta capacidad de impacto y de sorpresa si no hay capacidad para contrarrestarlo. El cortoplacismo actual exige el máximo a los equipos de campaña permanente y puede llevarles a asumir que sólo podrán jugárselo todo en la recta final. A la desesperada. Colgando balones desesperados para que alguien remate, aun en propia puerta. 

    Es un error. Tanto para el gobierno como para quienes aspiran a conquistar el Colegio de la Asunción, en este caso. El actual campeón de Europa ha demostrado que los partidos se ganan en campo rival. Con una presión alta y grupal. En los gobiernos prima la capacidad de control. De los tiempos. Fácil de lograr. Y de la agenda. No tan fácil. Las iniciativas ejecutiva y legislativa están de su lado cuando hay mayoría parlamentaria. Cuando no es tal, todo depende de la capacidad de anticipación de cada sigla. Éste es el riesgo y ésta es la oportunidad. Quizá los equipos dudan en este momento del éxito de marcar la agenda a meses vista. Dejar que los meses pasen sólo adormece al electorado y le incapacita para despertar después. 

    El gobierno autonómico de Alfonso Fernández Mañueco se aferra a la gestión y a la palabra dada de no adelantar los comicios. Precisamente ha dado pasos y mensajes para llevar el Presupuesto General de la Comunidad a las Cortes. Pero quizá no ha reparado en el éxito o fracaso que puede suponer este plan ante el electorado. También ha iniciado el curso político con actos que muestran el liderazgo de Castilla y León en el conjunto de España, como el que mantiene en educación. Pero quizá no ha reparado en el éxito o fracaso que puede fijar esta agenda recurrida y recurrente en la percepción global de los ciudadanos respecto a sus aspiraciones electorales

    Es evidente que el PP de Castilla y León quiere jugar a que no pase nada. A que la primera parte de este largo encuentro hasta marzo se mantenga en empate a cero porque la ventaja de la ida -las encuestas que conocemos hasta el momento- le avala para continuar como el partido más votado. Quizá no ha reparado en que una estrategia de marcos definida con ambición puede hacer saltar las predicciones por los aires. A favor o en contra. A favor, será decisiva porque le avala la ventaja de la ida. En contra, será igualmente decisiva sin contención y contragolpe. 

    Las emociones son efímeras. Hoy el ciudadano es menos fiel a lo de siempre. Y esto le hace más ciudadano. En Castilla y León es patente. El espectro de votantes que se desligó del PP para creer en Ciudadanos en 2015 prosiguió su travesía hacia Vox en 2023. Diez años después se antoja un balance definitivo. Todo cambia cuando el ciudadano se percibe en el centro; no el partido o sus representantes. Todo cambia cuando la ambición de un proyecto contagia cambio permanente o permanencia imperecedera. Tanto es así que el nuevo proyecto -de pensamiento, que sepamos- de Iván Espinosa de los Monteros ha despertado un interés que sólo puede propiciar la ausencia de liderazgos políticos. Hay mucho que analizar en cada movimiento. 

    La infidelidad de voto es ciudadana.

    La infidelidad de voto es la prueba del inconformismo al que siempre miro y en el que siempre encontraremos respuestas. El inconformismo atrae. La ambición atrae. El bien común atrae. El liderazgo social atrae. Pero hay que edificarlo y comunicarlo. La identificación con un proyecto es apremiante para que muchos se adhieran a él. Incluso desde las antípodas ideológicas

    El 15 de marzo de 2026 coincidirá con los idus de marzo. 2.070 años después, la advertencia es de rabiosa actualidad: “¡Cuidado con los idus de marzo!”. La herencia romana bien merece también matices. Calibrar los peligros electorales no corresponde a los candidatos, sino a sus equipos. Un candidato es mejor si sus equipos pueden lograr que sea así percibido. En los equipos está la diferencia a la que todos aspiran. Un voto está asegurado cuando el anuncio, el marco y el mensaje levantan al espectador del sillón. Sólo cuando esto sucede.