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  • Ganar el combate

    Ganar el combate

    Todos quieren ganar. Pero no todos ganan. La diferencia no es lo que se sabe; la diferencia es lo que se es. Influye la capacidad de comunicar, sí, pero ésta necesita un aliado: lo que es quien comunica. Por eso no todos los proyectos son iguales. Por eso no es posible comunicar lo mismo en cada proyecto y de cada proyecto. 

    Un mensaje con alma contagia y convence. Para lograrlo, es el alma la que contagia y convence. Un mensaje artificial, que defiende a las claras lo contrario de lo que es quien lo emite, puede tener adeptos a pesar de todo. Pero no podrá soportar argumentos sólidos en su contra. Cuanto más si los avala el rango del dato o de la evidencia. 

    La vida es un combate. Un combate de poderes. Un combate de roles. Un combate de objetivos. Un combate de consecuencias. Y la comunicación, el arma para posicionar a cada contendiente. El arma más eficaz. Y el arma más difícil. 

    Ver objetivos comunicativos plasmados al uso en un plan me transmite aspiraciones firmes. Recibir el impacto de un vídeo con idénticos recursos que el anterior y que el siguiente hace difícil que la confianza se dé gracias al formato. La confianza se da en la conexión persona-persona, marca-persona u organización-persona. Se da cuando cada receptor percibe los valores que anhela y busca; cuando los encuentra en la propia interacción. 

    Los términos y los recursos de agenda son el refugio de muchos, pero sólo los valientes se atreven con los propios, que suelen situarse fuera de la propia agenda. El combate se da en la agenda. Porque el combate refleja la lucha interior entre la libertad individual y la preeminencia de lo social ante la persona. El combate es antes, durante y después del impacto. El combate es mucho más que vender un producto, un servicio o un programa de gobierno. El combate es de vida. Quien lo entiende, gana.

    Preguntémonos qué ha cambiado en la comunicación de las organizaciones en los últimos diez años. De un modo evidente, han cambiado los formatos y el modo de dirigirse al público. Continúa también el debate acerca de la idoneidad de la microsegmentación. ¿Ha cambiado también el mensaje? Si ha cambiado, ¿qué ha motivado ese cambio? ¿Una decisión propia o el arrastre de la marea social? Éste es el punto de inflexión en toda evolución de una marca. En las elecciones de sus responsables radica el éxito o el fracaso del propio proyecto organizacional. 

    Los tiempos importan, aunque no tanto como la dirección. A veces, esperar no implica minar los recursos. Sí, en cambio, la paciencia de los demás actores. Un viraje a tiempo salva a la tripulación. Fijar la dirección hacia donde no somos conduce a la desembocadura residual. Podemos reconocer lo efímero; incluso lo antagónico. Pero sólo seguiremos lo que permanece; lo que llena el interior con experiencias profundas de conexión. Y sólo lo logra quien es; nunca quien simula. Gana lo que nos evoca aquello que soñamos. Gana lo auténtico. Aunque esto sólo se lo reconozcamos a nuestro yo interior. Es nuestro yo interior el que nos mueve a confiar y a decidir.