Etiqueta: Elecciones Castilla y León

  • Cualquiera puede ganar las elecciones autonómicas en Castilla y León

    Cualquiera puede ganar las elecciones autonómicas en Castilla y León

    Hace dos años, compartí con responsables de una asociación empresarial de Castilla y León la urgencia de asumir un mayor liderazgo social en la comunidad. Les planteaba un paso al frente para impulsar ilusiones y acoger frustraciones. Recibí un no por respuesta. El vacío de liderazgo social permanece.

    Gobernar no es liderar. Hay decisiones propias de un líder que carecen de la ambición y la comunicación propias de un líder. El intangible es la diferencia. Lo que no todos ven es lo que todos pueden sentir. Si lo anticipamos, ganamos. Gana la anticipación y gana la ambición creíble. ¿Por qué Castilla y León debe aspirar a ser la tercera comunidad autónoma de España si tienen mimbres para ser la primera? Ésta es la diferencia. 

    En el mismo plano sitúo el escenario electoral: cualquiera puede ganar las elecciones autonómicas en Castilla y León si gana las cuatro variables decisivas: posicionamiento de candidato, programa, partido y dirección de campaña. Contrario a los conformistas, es un planteamiento real a la luz de fortalezas y debilidades que muestra cada partido con aspiración de ganar la Junta. A cuatro meses de la cita con las urnas, basta agitar con habilidad el tablero para que todas las piezas pierdan su posición y todo comience de cero. 

    El plano estratégico está abierto. En la calle, los ciudadanos aguardan. Un antiguo responsable sindical de primer nivel me confesaba hace unos días algo que necesitaba escuchar para reafirmarme: la gente espera con paciencia a alguien que vuelva a ilusionar. Espera que la convulsa situación política nacional, que afecta a cada poro territorial, deje paso a algo mejor. Así explicaba el letargo. Mi ímpetu me lleva a no esperar el desbordamiento de una calma tensa. 

    La misión de un consultor es crear y contagiar nuevos horizontes de acción a quienes pueden asumirlos. También a los ciudadanos. Si las ilusiones y las demandas más básicas derivan en una desesperación absoluta, las consecuencias son impredecibles. Por eso insisto en dar el paso. En marcar la agenda. En anticipar posiciones. En arriesgar, pues el riesgo está a la altura de la autoconfianza. 

    Hay algo en la atmósfera social que obliga a contener la respiración. Hay frenos de mano echados. Hay dudas sobre a quiénes dirigirse y qué ofrecer. También dudas de liderazgo. Así lo percibo. Son arenas movedizas para la firmeza que demandan muchos ciudadanos y suelo firme para las redes de la polarización. Un riesgo de difícil cálculo. 

    El liderazgo social abre caminos de esperanza real a tantos que aguardan y de fiabilidad a quienes pueden crear oportunidades. Decide, sí, la confianza. La confianza se gana cuando el ciudadano percibe que un candidato es digno de la responsabilidad a la que aspira porque está dispuesto a renunciar a su propia comodidad. La confianza se gana cuando la palabra de quien la pide está llena de matices creíbles. La confianza se gana cuando quien la pide tiene un plan, una ambición y un equipo para hacerlo realidad. La confianza se gana cuando quien la pide sabe situar a los más débiles en primer lugar y asegurar que dejarán de serlo. 

    Quien convence asume el liderazgo social. Y la comunicación juega un rol decisivo, pero no exclusivo. Antes debemos crear el candidato. El rostro, la voz y las manos de quien se pone al frente deben ilusionar más que agradar. Deben escuchar más que responder. Deben hacer más que prometer. Deben atrapar más que justificar. 

    El marketing político puede crear letras y melodías ganadoras, pero es la mirada de quien da el paso la que confirma que aquéllas son creíbles. Que todo habla el mismo lenguaje. La emoción de los ciudadanos confirma el éxito. La desafección remite cuando hay conexión personal; no sólo de voluntades. Cuando la oferta satisface la demanda.

    Si la decisión es esperar, las opciones de decantar o consolidar el escenario se debilitan. Si la oferta caduca, el enlace de compra se desactiva. La exigencia del consumidor es la exigencia del elector.

  • ¿La baza de comunidad de Mañueco es conceder un estatus de privilegio a León?

    ¿La baza de comunidad de Mañueco es conceder un estatus de privilegio a León?

    Seis de cada diez jóvenes menores de 30 no votarán en las próximas elecciones autonómicas en Castilla y León. Lo refleja la última encuesta publicada sobre el clima electoral en la comunidad. Son escasas las que conocemos sobre el territorio y, por ello, ésta de NC Report para La Razón aporta valor de previsión y de imprevisión. Si la política aspira a conectar -o reconectar- con quienes define como el futuro, debe hacer mucho más para que la palabra reciba la credibilidad que espera. 

    La exigencia de reconexión es con todos. Los no tan jóvenes sólo invierten la tendencia. Seis de cada diez castellanos y leoneses del resto de franjas de edad votarán el próximo 15 de marzo, convocatoria mediante. El PSOE gana por la mínima entre 30 y 44 años y el PP aventaja en 5 puntos entre 45 y 64 años, y en diez puntos entre 65 años y más. En perspectiva, la participación que recoge este sondeo es tres puntos menor que la registrada en las elecciones de 2022. 

    El día que conocíamos la encuesta, el presidente autonómico, Alfonso Fernández Mañueco, participaba junto al Rey en el XXVIII Congreso Nacional de la Empresa Familiar. Sí, uno de los cimientos de un ámbito socioeconómico como el de Castilla y León. Don Felipe siempre desprende el aliento que necesitamos en cada momento. Los resultados de asignación de escaños de este sondeo pueden aliviar, al menos, al presidente, que amplía su respaldo a costa de Vox y confirma el aprobado de la crisis de incendios. 

    Así, Mañueco afrontaría su tercera candidatura autonómica con victoria asegurada pero lejos de la mayoría absoluta. Un dato que refleja, por un lado, un suelo recuperado de la marca PP en Castilla y León y, por otro, la incapacidad de recuperar la mayoría absoluta, elección tras elección. Tampoco debe preocupar en exceso esta encuesta a Carlos Martínez, candidato a todas luces del PSOE, pues su liderazgo, minado por errores de principiante y por la gestión del caso José Luis Vázquez -investigado por corrupción y que ha cuestionado su autoridad-, mantiene el resultado socialista de 2022 mientras aguarda su paso real al frente. Vox sí debe preocuparse por su perspectiva electoral, aunque su crecimiento nacional, sostenido en la denuncia y no en la propuesta, es ajeno a candidatos y programas. El suyo es el caldo de cultivo que mejor ilustra lo imprevisible de la política actual

    Si tomamos esta encuesta como inflexión hacia marzo de 2026, partamos de una obviedad: El candidato Alfonso Fernández Mañueco no es el candidato Juan Vicente Herrera. Tampoco los perfiles de sus equipos. Tampoco sus modelos de gobierno. Es evidente que el candidato y el modelo Mañueco no atraen como lo hacía el candidato y el modelo Herrera. Lo dicen los datos. La identidad compleja de esta tierra bien merece un análisis estratégico ante esta larga campaña electoral -sin pre-. En ella, el PP se juega mucho más que el gobierno autonómico.

    Demasiadas variables sobre la mesa. Demasiadas preguntas, únicamente a la luz de lo que hoy hace -o no- cada partido. ¿El gran objetivo del PP es presentar -ahora sí, en tiempo y forma- y aprobar, en su caso, los presupuestos autonómicos? ¿Su baza de comunidad es conceder un estatus de privilegio a León? Un intento de división definitiva en el PSOE puede tener consecuencias incontrolables en todos los flancos. ¿Por qué el PSOE castellano y leonés evita la factura de la crisis nacional de la marca PSOE? Recuerden que el candidato Carlos Martínez fue impuesto por Sánchez; luego dudó en reconocerse sanchista. ¿Aprovechará Vox el escenario abierto para jugar la baza del candidato? ¿Serán los minoritarios decisivos para que el PP mantenga o pierda la Junta? 

    Cuando la abstención gana electores tras tres años de legislatura, las preguntas en la sala de guerra electoral deben ser más profundas. El diseño de una larga campaña no puede centrarse en la actividad parlamentaria y en los Consejos de Gobierno; éstos deben salir a la calle. Los partidos deben proponer más. Deben escuchar más. Deben atraer más. 

    El análisis y el posicionamiento de la marca, del candidato y del programa electoral se sitúan en la zona cero. Y en cada pilar, la atracción va a decidir estas elecciones. Atracción o golpe de efecto. O ambos. Sin anticipación, un golpe de efecto arruina en horas las previsiones más conformistas. Jugar con el conformismo hará que gane el inconformismo. Jugar con el desconcierto, también. El ánimo puede cambiar varias veces al día. El voto, en la España de hoy, también. 

    (Fotografía principal: Junta de Castilla y León).

  • Castilla y León tendrá su 15-M más arriesgado

    Castilla y León tendrá su 15-M más arriesgado

    Sí. Castilla y León apunta a un 15-M. Pero madrugador. Primaveral. Es la fecha que deslizó hace unos días en Palencia el secretario general del Partido Popular autonómico. La rúbrica ha recibido después adornos y matices para minimizarla, cual globo sonda, contemplándola como la última posible del calendario electoral. En estrategia futbolística, los equipos que van ganando buscan la manera de ensanchar el campo; de hacer grande el espacio de juego para forzar que el rival corra y se desgaste. No es tan sencillo. Un error propio -o forzado- puede provocar una pérdida de balón y un contragolpe con el equipo descolocado en defensa. 

    El escenario es parejo. Llevar las elecciones autonómicas a la última fecha factible puede provocar, en primer lugar, dudas en la oposición a la hora de fijar el calendario de las respectivas estrategias. El agotamiento de los partidos largos resta capacidad de impacto y de sorpresa si no hay capacidad para contrarrestarlo. El cortoplacismo actual exige el máximo a los equipos de campaña permanente y puede llevarles a asumir que sólo podrán jugárselo todo en la recta final. A la desesperada. Colgando balones desesperados para que alguien remate, aun en propia puerta. 

    Es un error. Tanto para el gobierno como para quienes aspiran a conquistar el Colegio de la Asunción, en este caso. El actual campeón de Europa ha demostrado que los partidos se ganan en campo rival. Con una presión alta y grupal. En los gobiernos prima la capacidad de control. De los tiempos. Fácil de lograr. Y de la agenda. No tan fácil. Las iniciativas ejecutiva y legislativa están de su lado cuando hay mayoría parlamentaria. Cuando no es tal, todo depende de la capacidad de anticipación de cada sigla. Éste es el riesgo y ésta es la oportunidad. Quizá los equipos dudan en este momento del éxito de marcar la agenda a meses vista. Dejar que los meses pasen sólo adormece al electorado y le incapacita para despertar después. 

    El gobierno autonómico de Alfonso Fernández Mañueco se aferra a la gestión y a la palabra dada de no adelantar los comicios. Precisamente ha dado pasos y mensajes para llevar el Presupuesto General de la Comunidad a las Cortes. Pero quizá no ha reparado en el éxito o fracaso que puede suponer este plan ante el electorado. También ha iniciado el curso político con actos que muestran el liderazgo de Castilla y León en el conjunto de España, como el que mantiene en educación. Pero quizá no ha reparado en el éxito o fracaso que puede fijar esta agenda recurrida y recurrente en la percepción global de los ciudadanos respecto a sus aspiraciones electorales

    Es evidente que el PP de Castilla y León quiere jugar a que no pase nada. A que la primera parte de este largo encuentro hasta marzo se mantenga en empate a cero porque la ventaja de la ida -las encuestas que conocemos hasta el momento- le avala para continuar como el partido más votado. Quizá no ha reparado en que una estrategia de marcos definida con ambición puede hacer saltar las predicciones por los aires. A favor o en contra. A favor, será decisiva porque le avala la ventaja de la ida. En contra, será igualmente decisiva sin contención y contragolpe. 

    Las emociones son efímeras. Hoy el ciudadano es menos fiel a lo de siempre. Y esto le hace más ciudadano. En Castilla y León es patente. El espectro de votantes que se desligó del PP para creer en Ciudadanos en 2015 prosiguió su travesía hacia Vox en 2023. Diez años después se antoja un balance definitivo. Todo cambia cuando el ciudadano se percibe en el centro; no el partido o sus representantes. Todo cambia cuando la ambición de un proyecto contagia cambio permanente o permanencia imperecedera. Tanto es así que el nuevo proyecto -de pensamiento, que sepamos- de Iván Espinosa de los Monteros ha despertado un interés que sólo puede propiciar la ausencia de liderazgos políticos. Hay mucho que analizar en cada movimiento. 

    La infidelidad de voto es ciudadana.

    La infidelidad de voto es la prueba del inconformismo al que siempre miro y en el que siempre encontraremos respuestas. El inconformismo atrae. La ambición atrae. El bien común atrae. El liderazgo social atrae. Pero hay que edificarlo y comunicarlo. La identificación con un proyecto es apremiante para que muchos se adhieran a él. Incluso desde las antípodas ideológicas

    El 15 de marzo de 2026 coincidirá con los idus de marzo. 2.070 años después, la advertencia es de rabiosa actualidad: “¡Cuidado con los idus de marzo!”. La herencia romana bien merece también matices. Calibrar los peligros electorales no corresponde a los candidatos, sino a sus equipos. Un candidato es mejor si sus equipos pueden lograr que sea así percibido. En los equipos está la diferencia a la que todos aspiran. Un voto está asegurado cuando el anuncio, el marco y el mensaje levantan al espectador del sillón. Sólo cuando esto sucede. 

  • Un plan para ganar y gobernar en Castilla y León

    Un plan para ganar y gobernar en Castilla y León

    Siloé pone voz -y alma- a la promoción del turismo de Castilla y León en este 2025. Lo hace en el spot de la Junta de Castilla y León en Fitur, que lo será hasta el próximo enero. La primera campaña de Gonzalo Santonja como consejero liberado de Vox y de su estrategia de salida del Ejecutivo de Alfonso Fernández Mañueco. El vídeo es bueno porque es sencillo. A la grandeza histórica, patrimonial, cultural y natural de esta tierra se une la emoción de un grupo que contagia. El éxito de un mensaje es lo que somos capaces de hacer sentir. No tanto lo que decimos. Es lo que contagiamos. Y la política también es esto. Lo es porque atesora las mayores decisiones. Junto con las personales, que también son políticas. 

    En ese vídeo promocional aparecen Las Médulas, icono de la suma descontrolada de incendios que han asolado y desolado la comunidad autónoma. Incluso más allá de las cenizas. El impacto importa y será decisivo. Un instituto demoscópico de ámbito nacional convocaba hace unos días una oferta de encuestador presencial en León. Los sondeos van a reflejar cómo han acogido los castellanos y leoneses esta crisis y su gestión por parte del gobierno autonómico. Van a reflejar, en definitiva, un nuevo punto de partida para todos los actores. 

    Comienza un nuevo curso político y sólo sabemos que será el último período de sesiones -no completo- en Castilla y León. Las espadas están muy altas. La crisis ha desbocado a la oposición y el refranero popular siempre aporta luz a las mayores oscuridades. En río revuelto, los castellanos y leoneses van a asistir a una larga campaña electoral -sin pre- en la que Fernández Mañueco ha optado por ponerse al frente y en solitario en el momento más crítico. Es un riesgo estratégico que el máximo responsable de una institución asuma la comunicación como único portavoz, pero sólo un presidente puede decidir en último término, una vez oye, consulta, mira a su alrededor y reflexiona contrarreloj. 

    Mañueco ha encadenado desde el primer momento comparecencias desde los centros de control de incendios y en medios de comunicación. La última aparición, el pasado miércoles en Trece, a cuenta del último intento de Oscar Puente de condicionar el tablero castellano y leonés desde su posición de ministro instigador. El PSOE autonómico le obligó a comparecer en las Cortes con premura y con el respaldo de todos los grupos en la Diputación Permanente. El guión establecido por gobierno y oposición en bloque no ha sorprendido: críticas elevadas de tono de todos los portavoces frente al presidente, y sosiego, comprensión, petición de unidad y agilidad en la presentación de ayudas por parte de Mañueco. El ciudadano suele percibir con mayor agrado la credibilidad que deriva de la mesura. En esto el presidente autonómico siempre tiene las de ganar. Es su impronta. No tiene que impostar. Y esto es una ventaja de candidato; no sólo de presidente. Ahora bien, ¿es suficiente en este caso para desactivar la estrategia de acusación de la mayoría parlamentaria? Se trata de la tercera crisis de incendios en tres años. El trazo grueso pesa y facilita una conclusión desafecta. Ahora la gran pregunta y la gran urgencia del presidente -y también del candidato- gira en torno a Juan Carlos Suárez-Quiñones, desacreditado consejero del ramo. 

    Son muchas las claves que ya están sobre el tablero autonómico con marco electoral y todas requieren de análisis. Con todo, la política es ambición. Y esto debe percibirlo el ciudadano. Debe sentirse parte de esa ambición y protagonista del cambio que siempre debe acelerarse. Incluso bajo el mismo mandato. La velocidad contagia, decide votos y marca el camino a los demás actores. Para esto es necesaria una estrategia de comunicación como uno de los pilares maestros. 

    El otro son las personas. Los equipos. En la mayor crisis natural de este siglo XXI en Castilla y León, he visto a Fernández Mañueco arropado por los suyos en la foto de las Cortes del pasado 29 de agosto. Y, al mismo tiempo, solo ante la gestión y ante el serio peligro de la incomprensión y la desafección. El formato parlamentario-administrativo no ayuda. Pero, en cualquier caso, el proyecto y la iniciativa política debe salir a la calle. Debe estar en la calle. Antes que ningún otro. Al mismo nivel que los ciudadanos. A lo largo y ancho de esta tierra. La más grande. Y aprovechando las variables propias que surgen en cada provincia y en cada rincón. 

    Esto no sólo es posible. Es necesario para marcar la agenda. Quien marca la agenda gana. Fijar los tiempos emocionales de los ciudadanos -electores en último término- moldea las percepciones y consolida o debilita las opciones. Pisar, estrechar, escuchar, proponer con ambición y convencer. Pautar las fases de una campaña tan dilatada permite crear lo que queremos que pase. Se trata de tener un plan para ganar y gobernar. Siempre, contra todo y contra todos. También siempre con anticipación y liderazgo

    Fotografía: Junta de Castilla y León.