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  • Medir y controlar los tiempos

    Medir y controlar los tiempos

    Si mantenemos la esperanza en que una sociedad mejor llegará, entender decisiones y mensajes políticos y empresariales puede llegar a ser imposible. Otras no. En cualquier caso, las estrategias se miden por sus resultados. Y estos resultados mueven a nuevos cambios. La clave es hacia dónde se inclina el constante ciclo de transformación

    El éxito de un proyecto es la respuesta de sus públicos. Puede haber tantos como universo al que aspira a vender. No hay venta sin escucha previa. Sólo la emoción impacta. Y sólo la confianza y la autenticidad mueven a las decisiones. La síntesis puede abrumar por su simplicidad. Asumirla despeja el camino de cualquier estrategia que aspire realmente a ganar

    Ubicar al ciudadano-cliente en el centro y contagiar los pilares del proyecto son puntos de partida innegociables. No hacerlo amplía ese universo líquido en el que muchos parecen querer nadar sin ser conscientes de la más que probable deriva. Es la tierra firme la que nos impulsa. La solidez del proyecto. La que permite comprobar que es diferente al menos respecto de sus competidores. Y la diferencia es también el mensaje. La fuerza y la verdad. Si no hablas, hablarán. Si no propones, propondrán. Si no te anticipas, pierdes. Si renuncias a tu esencia, te diluyes. También esta realidad es innegociable. 

    El éxito no se alcanza en 15 días. Menos aún en un solo impacto. El camino de la confianza exige trazar una hoja de ruta firme y fiable. Escucha. Perseverancia. Y soltar amarras. Ceder el timón. Fiarse para que confíen. En ti. 

    Este 2025 ha regalado escenarios nítidos de aprendizaje. Personal y profesional. Y será 2026 el que ponga la primera piedra de un nuevo plan. Más abierto en sus cimientos, renovado en sus tiempos y actualizado en la utilidad de la marca. Que no debe ser para siempre, pues cada fase persigue un objetivo y la mayor dificultad se encuentra precisamente en medir y controlar los tiempos. Que los tiempos no frenen los objetivos. Que los miedos no frenen los anhelos.

    Urgen esa sociedad mejor y ese mundo mejor que todos, en algún momento, hemos soñado. Y todos los actores deben ser conscientes de sus posibilidades y de sus capacidades. De su inconformismo. De las llamadas. Empeñarse en cambiar lo que no funciona es una prioridad que muchos exigen sin voz. No todos. La indignación callada debe ser acogida. Sin círculos cerrados. La impotencia, calmada. La libertad, blindada. La dignidad, recuperada. Lograrlo supondrá muchas renuncias. Pero, si no lo hacemos, de nada servirá haberlo soñado.